Los momentos en los que nuestros hijos con dificultades expresan su frustración de forma agresiva son un gran reto para madres y padres.

Ante la frustración, no caigas en la trampa

No es raro que nuestros hijos con dificultades, adoptados o no, expresen su frustración, o sus deseos, de una forma descontrolada. De repente, les brota una energía incontrolada, que hace que –incluso cuando son pequeños– sea muy difícil detenerlos.

Seguro que te has encontrado alguna vez en esta situación, o quizás te encuentres en ella a menudo.

En estos momentos, todo su ser puede destilar una expresión de estar hartos, desconectados. Y pueden soltar toda una retahíla de expresiones desagradables, hirientes, que parecen venir del fondo de su corazón.

Y tú, ¿cómo lo vives?

Las madres y padres podemos caer en la trampa de interpretar que toda esa negatividad, es contra nosotros. Al fin y al cabo, estamos recibiendo los golpes. Al fin y al cabo, reacciona así porque le hemos dicho «no» a algo. Da toda la impresión de que quiera imponer su voluntad por la fuerza.

Reaccionar desde la rabia, te deja fuera de juego

Cuando percibimos que nuestro hijo nos ataca, nos insulta, nos duele… automáticamente se nos genera rabia.  

Nuestra mente busca defenderse. La reacción «automática» sería devolver el golpe, por no estar por debajo de quien te ha atacado; en ese caso, de nuestro hijo. Y nuestra tendencia será exagerar aún más la situación.

Como somos adultas, nos controlaremos, sin embargo, ya que para nosotros nuestro hijo es nuestra parte, una parte muy importante nuestra. Pero a pesar de este control, será fácil que a veces podamos reaccionar con gritos, e incluso quizás se nos puede ir una mano…

Y una vez que ha pasado… en fin.

¿Qué decir de la carga de culpa que nos queda?

¿De saber que no hemos estado a la altura?

Definitivamente, reaccionar desde la rabia nos deja en un muy mal lugar, a ellos pero, sobre todo, a nosotros.

Pero la buena noticia es que no hace falta que nos quedemos en este lugar.

Cambiar la perspectiva para poner en el centro a tu hijo

¿Sabes? Yo durante mucho tiempo sentía que el comportamiento de mis hijos estaba dirigido a mí.

Si estallaban era porque no me aceptaban.

Y yo necesitaba que aceptaran.

Así que aún vivía peor sus momentos difíciles. Y mi rabia era más alta. Lo cual no contribuía a que me aceptaran más, obviamente.

A esto se le llama un círculo vicioso.

Yo leía… «No es personal».

Ya, decía yo. ¿Y qué más? Si no va conmigo, ¿por qué me insultan a mí? ¿Por qué me rechazan a mí?

En mi mente, yo todavía tenía unos hijos que debían quererme y demostrármelo llevándose bien.

O, si lo preferís…

En mi mente, yo tenía que ser el centro de mis hijos

O, encara millor…

Yo estaba en el centro de mi mente.

Es decir…

Miraba a mis hijos desde mi centramiento.

Y eso me impedía verlos como eran.

Y, por eso, cuando veía el comportamiento de mis hijos… me fijaba en su impacto sobre mí. Según mis parámetros.  

A riesgo de repetirme: por eso pensaba que su comportamiento iba sobre mí.

Se trata de ellos 

Pero no, todo va sobre ellos.

Y verlo, darnos cuenta de ello… cambia la perspectiva.

Cuando nuestro hijo entra en un brote, responde a sus propias percepciones. Probablemente, él se siente con miedo, atacado o frustrado, y desde ahí reacciona.

Todo lo que he contado que ocurre en tu mente cuando te sientes así… ocurre en su mente.

Pero ellos carecen de capacidad de autoconciencia, o la tienen limitada.

Por eso no controlan sus expresiones.

Se desbordan.

De nuevo lo diré:

Todo comportamiento es comunicación.

El reto, es comprender qué comunican.

En este blogel espacio Date un respiro he abordado varias veces esta cuestión… Y lo que nos permite aprender.

Somos maestros en lo que hacemos

Ya ves, cómo respondemos a nuestros hijos cuando se muestran agresivos con nosotros, es un indicador de en qué momento estamos en nuestra evolución como madres o padres.

Pero, además, nuestra respuesta es también un comportamiento.

Nuestra respuesta es comunicación.

Y con ella, enseñamos cosas a nuestros hijos.

De todo esto trato en el nuevo episodio de Date un respiro.

¡Pasa a la acción!

Como he explicado en el episodio, no importa tanto dónde estás cómo la voluntad de mejorar.

Por tu hijo, sin embargo, sobre todo… por ti.

La buena noticia es que puedes cambiar. Sí, yo soy la prueba viviente.

Y puedo acompañarte en esa transición.

Pruébalo con el pack inicial de 4 sesiones de coaching… Demuéstrate que puedes iniciar un cambio. ¡Hazte este regalo de Navidad.

Yo te espero, porque sé que cuando tú estás bien, tus hijos están mejor. Y estoy aquí para acompañarte.


Anna Rosa Martínez

hola@demareamarecoaching.com

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